lunes, 25 de junio de 2018

¿Cómo influye la televisión de manera neurológica en los niños?

 La televisión en los niños, vista en exceso, causa daños neurológicos. Ver televisión hace que el cerebro se ponga lento, porque estimula la producción de un patrón de ondas cerebrales lentas que es consistente con una conducta similar a aquella del diagnóstico de déficit de atención. Estas ondas reducen la capacidad del cerebro de procesar a niveles más altos.
La televisión en exceso, causa que el cerebro de los niños pequeños pierda una parte de la etapa del desarrollo temprano, resultando en un funcionamiento cerebral menos que adecuado. El cerebro queda limitado en cuanto a la generación de habilidades creativas y afianzamiento de niveles superiores de pensamiento abstracto.
La televisión lleva al cerebro a un estado de embotamiento. Los problemas de atención empeoran con la televisión y los videojuegos. El ver televisión interfiere en el proceso del cerebro de desarrollar la plasticidad o flexibilidad necesaria para una vida adulta exitosa.
 A mayor exposición a la televisión, más bajo es su nivel de activación psicológica y fisiológica y mayor la dificultad para leer. La lectura induce al cerebro a la construcción de más y mejores conexiones neuronales, lo que permite operar a un grado más alto, mientras que la televisión impulsa al cerebro a trabajar a su más bajo nivel de funcionamiento. Cuanta más televisión ve un niño, menos lee, menos esfuerzo hace en realizar sus tareas, más escollo tiene para prestar atención, más bajas son sus calificaciones y, con frecuencia, es más alta la incidencia de problemas conductuales. Actualmente, los bebés pasan sentados ante el televisor muchas horas que impiden el desarrollo adecuado del cerebro motor. Sabemos que la estimulación motora precoz repercute de forma directa sobre la lectura o escritura, por ejemplo. Además, la exposición temprana de la televisión (niños con edades entre uno y tres años) está asociada con dificultades socioemocionales y problemas de atención.
Evidentemente no vamos a culpabilizar a la televisión de todos los males que aquejan a nuestra sociedad. El entretenimiento no ha de estar reñido con el conocimiento. Lo que los estudios sugieren es que el desarrollo cerebral, especialmente en los primeros años de vida, requiere entornos activos y enriquecedores que puedan fomentar hábitos cognitivos y conductuales adecuados.
El consumo excesivo de televisión favorece actitudes pasivas y comportamientos sedentarios que perjudican la reflexión, la creatividad y las relaciones cooperativas, tan imprescindibles en los tiempos actuales.

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